Diciembre 14, 2017

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Edgar Otoniel García Robles

Edgar Otoniel García Robles

(1983). Arquitecto, licenciado en Gestión Cultural y beisbolista. Nació para ser libre, promover cambios profundos en su generación y defender la libertad de expresión. Aprendió en algún momento de su vida gracias al Popol Vuh, que cuando no sepa qué camino tomar, tome el camino del corazón.  eotoniel@diariodelosaltos.com

Dos terremotos de gran magnitud con sus respectivas réplicas sacudieron el país mexicano el presente mes. Así mismo un fuerte sismo de más de un minuto se reportó en la ciudad de Quetzaltenango con epicentro en Chiapas, México en las postrimerías del 7 de septiembre, con daños en algunas construcciones del Centro Histórico de la ciudad, a pesar del sismo no se reportó ninguna víctima humana ni tampoco daños en infraestructura relativamente nueva.

 

La diferencia entre el sismo del 7 de septiembre y los sismos que sacudieron el centro del país mexicano, sobretodo el 19 de septiembre. El del 7/9 fue un movimiento oscilatorio y el del 19/7 fue de carácter trepidatorio. Un sismo trepidatorio no es como los que estamos acostumbrados en Xela. No es por el choque o contacto de placas, sino que estuvo en el interior de la Placa de Cocos. Ésta sufrió una fractura interna, lo que haría tan particular su movimiento. 

 

Este tipo de sismos no es muy conocido, y no se pueden medir tan bien como el resto. Sobre por qué fue tan destructivo, la cercanía con un sector tan poblado como la ciudad de México, la magnitud y el tipo de suelo pueden estar entre los factores.  México se encuentra sobre las placas Norteamericana y de Cocos, en esta última se produjo el sismo. 

 

Desde 1985 cuando miles de personas murieron en la ciudad de México tras otro devastador terremoto, el país cuenta con una nueva norma de construcción. ¿Qué pasó entonces? Según mi humilde criterio considero que la destrucción puede tener dos factores. El tipo de movimiento, y la manera en que se construyó. 

 

Sobre la segunda razón, los expertos aseguran que aún no se tiene certeza de si efectivamente las edificaciones que se derrumbaron tras el terremoto habían cumplido con las normas exigidas o si por falta de fiscalización se construyeron sin considerarla. Eso se establecerá más adelante, con las investigaciones pertinentes. Sin embargo no se necesita realizar tantos análisis para verificar que muchas de las edificaciones que colapsaron en el centro de México, se debieron al nulo análisis estructural sobre las mismas.

 

De existir un sismo trepidatorio en Xela, algunos colegios privados y varios comercios en el sector conocido como La Democracia, donde han construido nivel tras nivel hasta llegar a los cinco o seis plantas, colapsarían por no tener un análisis estructural adecuado y pretender obtener más ingresos construyendo empíricamente. La construcción no es un juego, se debe saber qué se está haciendo y contratar a un experto colegiado en el tema para no lamentar pérdidas humanas en el futuro. 

Haciendo alusión a los últimos acontecimientos suscitados en el territorio guatemalteco, declarar non grato al titular de la Cicig, por parte de un presidente incompetente que muestra su verdadera cara y se pone del lado de la impunidad, así me dirijo a este personaje salido de un programa llamado Moralejas.

 

Puede que falten muchos años para que se descubran sus fechorías, desfalcos, malversaciones, asociaciones ilícitas. Puede que esté disfrutando de las mieles del poder y tenga asegurado su futuro y el de sus hijos debido a los “negocios” que se cerraron bajo la mesa.

 

No lo juzgo, señor, será la justicia quien lo haga. Solamente tenga en cuenta: cada vez que descanse en su pent-house, o encienda su lujoso jacuzzi, coman sushi o se broncee  en las paradisiacas playas del caribe, piense un poco, si cada quetzal que está gastando hubiera servido para comprarle un pan a la niña de la esquina que vende panes, atol de elote y añora estar aprendiendo a leer.

 

O en el niño de 10 años que lustra en el parque y tiene que aguantar el sol, el humo, el maltrato de la gente y los golpes de su padre si no lleva para el gasto del día; o en el hombre que se despide en la frontera de su mujer e hijos y tiene que irse de mojado al norte para darles a ellos una vida digna.

 

O en los niños que día a día buscan comida en los basureros y viven en tugurios llenos de láminas oxidadas, sin agua, sin luz, sin drenajes, sin sueños, donde la única televisión son las estrellas de cada noche; o en el vendedor de fruta con pies descalzos que a orillas de la carretera asfáltica  se sube a las camionetas a ofrecer  su cosecha del día.

 

Pregúntese algún día ¿Dónde duermen los vendedores de chicles? ¿Qué pasa por la mente del chofer de transporte urbano y extraurbano cuando tiene temor de ser asesinado? ¿Cuánto paga el comerciante semana a semana al marero que pistola en mano llega a recibir la extorsión? ¿Cuántas lágrimas derraman los padres del niño moribundo que no tienen como comprar medicinas? ¿De qué tamaño es la dignidad del hombre de clase media que estira su quincena para alimentar a su familia y encima, pagar la renta? ¿Cuántos años necesita la familia del acribillado a sangre fría, para recuperarse del trauma? Piense en todo ello, piense en cosas que desde su carro último modelo nunca verá.  Quizás así, algún día, le sea devuelta la dignidad que perdió hace mucho tiempo.

 

Bien lo decía el gran Martin Luther King: Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del silencio de los bondadosos. 

En las condiciones presentes parece absolutamente seguro que la institución-ciudad está destinada a sobrevivir, que para sobrevivir tendrá que reformarse y que la reforma hará la arquitectura, siempre que logre imponer su propia ética y la lógica propia de su disciplina a los grupos que, de hecho, detentan el poder de decidir la suerte de la ciudad. Es necesario, entonces, que se termine de considerar a al arquitectura como una de las bellas artes y se reconozca que es la primera de las técnicas urbanas, a la que corresponde la total responsabilidad de la gestión de la ciudad y sus transformaciones.

 

Es cierto que la historia de la arquitectura moderna no es solamente la historia de su ignominiosa reducción a técnica de explotación. Hay muchos arquitectos que han dado instrucciones precisas para la utilización racional de los espacios urbanos y han proyectado y –a veces- construido edificios que constituyen verdaderos modelos: también la arquitectura moderna tiene sus obras maestras, aunque se trate de lugares de trabajo o de viviendas económicas y no de monumentos.

 

Los grandes arquitectos han sido poco escuchados, pero es indudable que no han propuesto la conservación en vez del desarrollo sino que han propuesto diversos modos y tipos de desarrollo. Lo que los volvió impopulares y, durante el fascismo y el nazismo, los expuso hasta a la persecución política fue la lógica elemental gracias a la cual afirmaban que las viviendas de los terrenos y los empresarios.

 

Ellos también sabían que la ciudad es un sistema de información y comunicación y que la cultura moderna no es más que un sistema más amplio pero homogéneo e información y comunicación. Ellos, con todo, no se preguntaron si el advenimiento de una cultura de masas implicaba necesariamente la revocación de la autonomía individual y la renuncia a cualquier capacidad de reflexión y decisión. En otros términos, esos maestros se proponían afrontar y resolver una crisis de la que muchos otros querían aprovecharse, empeorándola.

 

Los arquitectos que trabajaron entre las dos guerras –se trate de Le Corbusier o de Wright, de Gropius, de Mies van der Rohe o de Aalto- eran conscientes de que aún estaban ligados ideológicamente a las premisas filosóficas del Iluminismo y de la revolución francesa y se esforzaron lealmente por profundizar el proceso apenas iniciado e inmediatamten reprimido de secularización de la cultura y por tanto, también de la arquitectura.

 

Contestaban el mito o la metafísica del arquitecto demiurgo que repetía el acto creador de Dios para que sirviera de modelo a los mortales en la prosecusión de la obra creadora; declinaron la misión pantocrática de imponer a la vida de los hombres el orden y la armonía de lo divino, comprendieron que como los laicos de la cultura debían hacer tabla rasa no solo de una larga tradición son del lenguaje formal con el que se revelaba y comunicaba aquel mensaje sobrenatural. Se daban cuenta de que, libres de la obligación de uniformar la arquitectura con las leyes de la gravedad, libres también de lo que había parecido la relación inmutable entre materia y forma, la dimensión del espacio no tenía más límite que el de una técnica en rápido y valeroso progreso.

 

Ya no podían seguir subordinando su trabajo, que querían que comprometida investigación, a ningún principio de autoridad y el principio de autoridad inderogable y constante de la arquitectura era el clasicismo con su morfología condicionada por el traslado de las leyes cósmicas de la gravedad de los cuerpos a la estática de la arquitectura.

 

Finalmente la arquitectura moderna se lideraba de la representación, como de la pintura de los mismos años se iba liberando de la figuración. Es por ello que el equilibrio entre la arquitectura y la cultura debe tener un punto de apoyo común: el deseo de superarse, de hacer una sociedad mejor, de involucrase y de tratar de cambiar paulatinamente todo lo que está mal hacia un mejor futuro. 

Últimamente en redes sociales ha circulado la noticia del lanzamiento del Plan de Ordenamiento Territorial -POT- del 2 al 4 de agosto del año en curso en las instalaciones de Casa No’j, definitivamente una noticia que a los urbanistas nos llena de alegría y a la vez muchas interrogantes, porque una ciudad como Quetzaltenango, segunda en importancia en el territorio guatemalteco, necesita urgentemente que se empiece a realizar este plan.

 

Pero ¿Qué es un POT? Plantearé lo que según mi experiencia en urbanismo puedo constatar: El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) es un instrumento técnico y normativo para ordenar el territorio municipal o distrital. En Colombia, según la Ley 388 de 1997 lo definieron como el conjunto de objetivos, directrices, políticas, estrategias, metas, programas, actuaciones y normas, destinadas a orientar y administrar el desarrollo físico del territorio y la utilización del suelo.

 

El POT se constituye en una carta de navegación para ordenar el suelo urbano y rural, con el fin de consolidar un modelo de ciudad en el largo plazo y para ello diseña una serie de instrumentos y mecanismos que contribuyen a su desarrollo.

 

¿Para qué sirve? El POT sirve para orientar y priorizar las inversiones en el territorio tanto del sector público como del sector privado, es decir, define dónde se construyen los parques, los colegios, los hospitales, dónde se ubica la vivienda, las oficinas, los comercios e industrias.

 

Según la cantidad de personas que habitan el territorio quetzalteco, el instrumento a emplear es un Plan de Ordenamiento Territorial, que son elaborados y adoptados por las autoridades de los distritos y municipios con población superior a los 100.000 habitantes.

 

Pero ¿Qué contiene este tipo de instrumentos? En primer lugar un “Componente general” que establece políticas, objetivos, estrategias y contenidos estructurales de largo plazo, 12 años para todo el territorio municipal. El contenido estructural hace referencia a: áreas de preservación y conservación ambiental, amenaza y riesgos, patrimonio urbanístico, arquitectónico y arqueológico, clasificación del suelo urbano, rural y de expansión, entre otros.

 

Además un “Componente urbano”: acciones, programas y normas para encauzar y administrar el desarrollo físico urbano (suelo urbano y de expansión) y contenidos de corto y mediano plazo (8 años). El contenido de corto y mediano plazo hace referencia a: Normas urbanísticas, tratamientos y actuaciones urbanísticas, ocupación y usos del suelo, infraestructura vial y de servicios públicos, equipamientos, vivienda, instrumentos de gestión y financiación, entre otros.

 

También un “Componente rural”: acciones, programas y normas para orientar y garantizar la conveniente utilización del suelo rural y su interacción con la cabecera municipal contenidos de corto y mediano plazo (8 años). El contenido de corto y mediano plazo hace referencia a: áreas de preservación y conservación ambiental, amenaza y riesgo, ocupación y usos del suelo, infraestructura vial y de servicios públicos, equipamientos, vivienda, entre otros.

 

Y por último un “Programa de ejecución”: actuaciones sobre el territorio previstas en el POT, que serán ejecutadas durante el periodo de la correspondiente administración municipal (4 años, 8 años y 12 años).

 

Ojalá esta semana muchos vecinos de Quetzaltenango pudieran empaparse de lo que consiste el POT, sin lugar a dudas es lo más interesante y beneficioso de esta semana para el futuro de esta bella ciudad. En otra ocasión comentaré acerca del llamado “periférico sur” que traerá enormes beneficios y será un desahogo vehicular a la ciudad, aunque algunas organizaciones estén en contra del mismo. 

En las condiciones presentes parece absolutamente seguro que la institución-ciudad está destinada a sobrevivir, que para sobrevivir tendrá que reformarse y que la reforma la hará la arquitectura, siempre que logre imponer su propia ética y la lógica propia de su disciplina a los grupos que, de hecho, detentas el poder de decidir la suerte de la ciudad.

 

Es necesario entonces, que se termine de considerar a la arquitectura como una de las bellas artes y se reconozca que es la primera de las técnicas urbanas, a la que corresponde la total responsabilidad de la gestión de ciudad y sus transformaciones.

 

Es cierto que la historia de la arquitectura moderna no es solamente la historia de su ignominiosa reducción a la técnica de la explotación. Hay muchos arquitectos que han dado instrucciones precisas para la utilización racional de los espacios urbanos y han proyectado y –a veces- construido edificios que constituyen verdaderos modelos; también la arquitectura moderna tiene sus obras maestras, aunque se trate de lugares de trabajo o de vivencias económicas y no de monumentos.

 

Los grandes arquitectos han sido poco escuchados, pero es indudable que no han propuesto la conservación en vez del desarrollo sino que han propuesto diversos modos y tipos de desarrollo. Lo que los volvió impopulares y, durante el fascismo y el nazismo, los expuso hasta a la persecución política fue la lógica elemental gracias a la cual afirmaban que las viviendas de los trabajadores debían hacerse para los trabajadores y no para el provecho de los propietarios de los terrenos y los empresarios.

 

Ellos también sabían que la ciudad es un sistema de información y comunicación y que la cultura moderna no es más que un sistema más amplio pero homogéneo de información y comunicación. Ellos, con todo, no se preguntaron si el advenimiento de una cultura de masas implicaba necesariamente la revocación de la autonomía individual y la renuncia a cualquier capacidad de reflexión y decisión. En otros términos, esos maestros se proponían afrontar y resolver una crisis de la que muchos otros querían aprovecharse, empeorándola.

 

En la cuarta y última parte, terminaré de dar a conocer como la cultura y la arquitectura, según mi experiencia, pueden convivir armoniosamente y crear entornos propicios para que se construya un mejor contexto de ciudad, de país y de región centroamericana, algo de lo que nuestros descendientes se sientan orgullosos  e identificados algún día. 

De cualquier modo, la organicidad del sistema urbano es dada en todos los casos por la historia, también cuando la ciudad nación hace poco y tiene una historia breve. De hecho, la idea que tenemos de la ciudad y que no se ha modificado por el momento, es la de un acumulo cultural que da al núcleo la capacidad de organizar una zona más o menos extensa de territorio. Sin estos puntos de concentración e irradiación cultural no es concebible, en la actualidad, ninguna forma de organización del ambiente.

 

Desde la más remota antigüedad, la ciudad se configuró como un sistema de información y comunicación con una función cultural y educativa; los viajes de Telémaco por el Egeo demuestran que, ya en tiempos de Homero, la cultura era considerada sobre todo como conocimiento de la ciudad.

 

Los monumentos urbanos tenían una función no solo conmemorativa sino didáctica; comunicaban la historia de la ciudad pero la comunicaban en una perspectiva ideológica, o sea con vistas a un desarrollo coherente con las premisas dadas.

 

La ciudad moderna tampoco es solo un sistema de información y comunicación; se integra en una cultura reducida o en vías de reducirse a ser solamente un sistema de información y comunicación. El proceso que está teniendo lugar es el de la transformación estructural y de la cultura de clase en cultura de masas, o sea una cultura cuya mayor estructura es, justamente la información.

 

Las preguntas que nos planteamos, entonces, son las siguientes: ¿existirá, cómo será una arquitectura de masas? ¿Es conciliable la cultura de masas, reducida a circuito de información con la historicidad constitucional de la ciudad? Y en otro plano, ¿es posible un tránsito que no sea traumático ni destructivo del sistema de la historia al de la información?

 

Pero, en primer lugar ¿se quiere o no se quiere conservar a la ciudad como institución, o sea como modelo de agregación social alrededor de un núcleo cultural? Por un lado existe la unánime condena de la megalópolis, confirmada por los mayores exponentes de la arquitectura de nuestro siglo: existe el Buchanam Report que demuestra científicamente que el dinamismo de la ciudad industrial no puede ser contenido por las estructuras de la ciudades preindustriales y, con mayor razón, por las más antiguas; existe finalmente la irritante experiencia cotidiana del tránsito motorizado (que se está volviendo tan común en Quetzaltenango), que fuerza y con frecuencia termina por romper la red de comunicaciones urbanas.

 

Pero por otro lado, existe la idea de que las instituciones urbanas son insustituibles en las actuales condiciones culturales. (Continuará).

Hace poco algunas personas me preguntaban por correos electrónicos y por mensajería en redes sociales ¿Por qué había escogido estudiar gestión cultural inmediatamente después de haberme graduado de arquitecto? Mis razones tengo, por medio de diferentes proyectos a lo largo de mi existencia, pero quise escribir alguna reflexión al respecto.

 

Entre arquitectura y cultura no existe una relación diferencial; el problema se refiere solo a la función y al funcionamiento de la arquitectura en el interior del sistema. Por definición es arquitectura todo lo que concierne a la construcción y es con las técnicas de la construcción que se instituye y organiza en su ser y en su devenir, esa entidad social y política que es la ciudad.

 

La arquitectura no sólo le da cuerpo y estructura sino que la vuelve significante con el simbolismo implícito en sus formas; así como la pintura es figurativa, la arquitectura es representativa por excelencia. En la ciudad todos los edificios, sin excluir a ninguno, son representativos y con frecuencias simbolizan las malformaciones, las contradicciones, las vergüenzas de la comunidad. Es el caso de las montañas de basura edilicia que la especulación incontrolada ha acumulado en las ciudades y de las que se dice con demasiada frecuencia que no son arquitectura, aunque los son, y representativa de una desdichada realidad social y política.

 

En el interior del sistema cultural urbano, la arquitectura tiene una figura, como disciplina, compleja y no muy diferente de aquella de la lengua; es una disciplina autónoma pero al mismo tiempo, constitutiva y expresiva de todo el sistema. También por esto, si se quiere dar de la arquitectura una definición vinculada a las cosas que hace y de las que se ocupa, ha que decir que es lo mismo que la ciudad, de modo que todo lo que no funciona en la ciudad refleja, en definitiva, los defectos de la cultura arquitectónica o descubre su incapacidad para cumplir sus tareas institucionales.

 

Sin hablar, por otra parte, de los arquitectos que, poniéndose al servicio de la especulación, traicionan la ética no solo de la disciplina sino de la profesión.

 

En su conformación con la ciudad, la arquitectura siempre ha tenido tareas de gestión; una y otra vez ha determinado su estructura y su figura. La ciudad ideal, nacida de la presunta omnipotencia de un príncipe es una ficción antes política que arquitectónica; ninguna ciudad nació nunca de la invención de un genio, ya que es el producto de toda una historia que se cristaliza y se manifiesta.

 

Lo que interesa no es tanto su fundación, generalmente legendaria, como su desarrollo, o sea sus cambios en el tiempo. Estos cambios no obedecen a las leyes evolutivas sino que son las consecuencias de una oposición entre voluntades innovadoras y tendencias conservadoras; una de las contradicciones de nuestro tiempo está en el hecho de que las fuerzas políticas progresistas tienden a conservar y las fuerzas políticas conservadoras a destruir el tejido histórico de las ciudades. (Continuará).

¿Se ha dado cuenta que los negocios que expenden comida tienen colgado a la vista del cliente un documento denominado Licencia Sanitaria? Este documento ampara a los negocios según el artículo 140 del Código de Salud del país: Toda persona natural o jurídica, pública o privada, que pretenda instalar un establecimiento de alimentos, deberá obtener licencia sanitaria otorgada por el Ministerio de Salud, de acuerdo a las normas y reglamentos sanitarios y en el plazo fijado en los mismos.

 

Pero ¿Se ha fijado usted, que en muchos lugares como las ventas de tortillas de maíz, no poseen dicha licencia? En algunas casas de habitación se han instalado negocios con el rótulo “Se venden tortillas los 3 tiempos”, antes del desayuno, almuerzo y cena, la gente hace fila y espera su turno para que las mujeres que manufacturan las tortillas, muchas veces explotadas, sin paga ni comida, cocinan decenas de tortillas que las venden normalmente a 4 tortillas por 1 quetzal.

 

Muchas veces por la prisa que tenemos, por el hambre que nos da a diferentes horas del día, no nos ponemos a analizar ¿de dónde viene la masa de maíz de las tortillas que nos venden? ¿Dónde está la licencia sanitaria de este negocio? ¿El lugar donde almacenan el nixtamal será un lugar fresco, libre de roedores que produzcan enfermedades? ¿Le darán mantenimiento al molino de nixtamal el cual produce la masa?

 

Las preguntas planteadas podrán sonar muy radicales, pero son válidas, en cualquier país desarrollado estas normas deben cumplirse de manera adecuada, sabiendo que la gente que manipula los alimentos, deben cumplir las medidas de higiene respectivas.

 

La división de inspectoría de Saneamiento Ambiental del Centro de Salud de Quetzaltenango, cuenta con denuncias efectuadas hacia establecimientos que carecen de normas sanitarias y que en algunos casos, el maíz se almacena en lugares propensos a que las ratas invadan el lugar desde las alcantarillas, máxime en la época de invierno como la que estamos viviendo, produciendo focos de contaminación que se trasladan a las casas de habitación contiguas al establecimiento que expende los alimentos. 

La madrugada del martes de la semana pasada se convirtió para muchos en una pesadilla, el temblor que por poco se convertía en terremoto, fue la causa de que varias viviendas ubicadas en el Centro Histórico de la ciudad de Quetzaltenango, colapsaran parcialmente.

 

Las inspecciones por parte de CONRED y las autoridades competentes se realizaron el miércoles por la mañana, por último se dio a conocer un diagnóstico lleno de trámites burocráticos para la reconstrucción de muros, techos y acabados, pero las reacciones por parte de los ciudadanos no se hicieron esperar, muchos coinciden al igual que un servidor, que mientras se realizan los trámites burocráticos para la restauración de las viviendas, puede ocurrir otro sismo y las mismas pueden caer.

 

Las críticas a la oficina del centro Histórico de Quetzaltenango se han hecho presentes y dicha oficina seguirá dando de qué hablar, si no se moderniza y no se toman acciones concretas por parte de su dirigencia para atender las demandas de quienes quieren restaurar sus viviendas previendo próximos sismos.

 

Para hablar un poco de historia acerca de las oficinas de Centros Históricos, puedo decir que a partir de 1980 se observa un marcado interés por la conservación del patrimonio edificado en los centros urbanos de ciudades de origen novohispano, que ha llevado a la realización de obras y acciones sobre el patrimonio urbano-arquitectónico tendientes a privilegiar el factor histórico, sobre factores económicos, religiosos, políticos y administrativos sobre los cuales se sustenta la centralidad urbana.

 

Por ello, resulta importante resaltar el análisis de los centros históricos desde una perspectiva global de la ciudad, bajo la cual resultan ser pieza clave para el sustento de políticas de planificación urbana que han comenzado a gestar un nuevo esquema de ciudad “poli céntrica”, además de propiciar una nueva visión en lo concerniente a la administración y de gestión del desarrollo urbano a través de patronatos, fideicomisos y consejos cuyas atribuciones resultan siempre cuestionables.

 

Bajo esta perspectiva, el concepto mismo de centro histórico, como elemento de la estructura urbana distinto al de centro urbano, obliga a cuestionarse ¿Son los centros históricos una herencia del pasado o una construcción del presente?

 

Mi conocimiento a nivel arquitectónico ubica a estas oficinas en “teoría” como una construcción del presente, pero en esta ciudad resulta ser todo lo contrario y vemos engorroso, fastidioso y arcaico y trámite en esta oficina. Ojalá la dirigencia se modernizara, se cambiara y tomaran ejemplos de ciudades modelos de Latinoamérica, para que al menos se empiece a confiar un poco. 

A finales de los años ochenta, algunos familiares míos vivían en la recién fundada colonia San Rafael, y con mi abuelo materno los visitábamos esporádicamente. Al terminar la 12 avenida después de la Colonia Rosario, emprendíamos por la 5ª. Avenida de la zona 6, allí doblábamos por la famosa “Vuelta del Gancho”, hasta llegar a la mencionada colonia.

 

La camioneta Volkswagen amarilla de mi abuelo transitaba por el Aserradero Maldonado (la cancha sintética aún no existía), recuerdo que ni siquiera existía el hoy conocido como Puente Domingo Betancourth y el Río Seco era prácticamente eso: un río seco, que únicamente en los meses de invierno hacía crecer su diminuto cauce y los poco automóviles que transitaban por el lugar, pasaban sobre las aguas de dicho río, sin puente y sin malos olores, solamente existía un puente peatonal que también ha pasado a la historia.

 

Han pasado casi treinta años desde que recuerdo ese tránsito, y en tres décadas el panorama urbano ha cambiado radicalmente, la población del sector y de la ciudad ha crecido considerablemente y los niveles de contaminación son alarmantes. El Río Seco corre diariamente con un cauce que crece año con año y en los meses de invierno las inundaciones en la 5ª Avenida son preocupantes.

 

La semana pasada, río arriba en la zona 8, el río se tiñó de rojo producto de la contaminación que producen las tenerías del sector, cosa que siempre pasa pero esta vez fue en mayor proporción, lo malo es que nadie se pronuncia al respecto. En el trayecto del río desde la zona 7, pasando por Choquí Alto hasta llegar a Choquí Bajo se dejan ver innumerables productos plásticos (botellas, bolsas, utensilios de cocina, etc.) que se acumulan más y más, que confluyen con las aguas del Río Bolas y posteriormente con las del Río Xequijel.

 

Podríamos copiar a nuestros vecinos de Olintepeque y crear algunas bio-bardas para apoyar al menos un poco el reciclaje de todos estos productos plásticos que en tres décadas se han acumulado y si no se hace algo, la contaminación fluvial de estos  ríos puede provocar epidemias y muerte.

 

Añoro los días en los que el Río Seco sí era seco, pero no podemos retroceder el tiempo, toca como ciudadanos quetzaltecos pensar en crear soluciones para que el problema de la contaminación, las inundaciones y la indiferencia no nos lleven a un desastre ecológico.

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