Diciembre 15, 2017

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El punto de partida para compartir reflexiones sobre la comunicación política.

By Enero 31, 2017 0

Cada día circulan en las calles y carreteras de la ciudad miles de vehículos, solo en la ciudad de Quetzaltenango se calculan unos 200 mil vehículos; y seguramente que manejar, ya sea la carcachita o el último modelo “da poder”. ¿Sabemos conducirnos en estas carreteras o en las calles de la ciudad?, o dicho de manera más directa ¿conoce usted las señales de tránsito?

 

Digo punto de partida, porque en este espacio de opinión que hoy me brinda este medio, encuentro la oportunidad de compartir con usted la situación y la propuesta que encamine a eso que se llama en el Estado de Guatemala, el bien común; se abre así la posibilidad de empezar con el aporte de una ciudadanía más participativa, activa y positiva en el análisis del sistema político, de los medios de comunicación y del ciudadano elector, conocida como la tríada de la comunicación política (Mazzoleni, 2010) para revisar el mensaje, el escenario y la opinión de cada uno de los actores de las esferas mencionadas.

 

Cada día circulan en las calles y carreteras de la ciudad miles de vehículos, solo en la ciudad de Quetzaltenango se calculan unos 200 mil vehículos; y seguramente que manejar, ya sea la carcachita o el último modelo “da poder”. ¿Sabemos conducirnos en estas carreteras o en las calles de la ciudad?, o dicho de manera más directa ¿conoce usted las señales de tránsito? No es nuestro fin hacer todo un recuento de accidentes, abusos, imprudencias y anarquías del año 2016. Tantos conductores y transeúntes somos responsables de la poca formación en educación vial. Orfandad, luto y dolor son las consecuencias de este mal.

 

Veamos algunas prácticas negativas, que es quizá donde más se cometen serias consecuencias: nos imponemos ante el que va caminando; solo queremos la calle para nosotros; no cedemos el paso —apliquemos aquella campaña de uno y uno cuando estamos en la esquina esperando cruzar—; no se nos quita la maña de enviar mensajes cuando vamos ante el volante; llevamos al niño, —curioso, nunca es la niña—, pegadito al volante y exponiéndolos a cualquier accidente; rebasamos en curva o imponemos el tamaño del vehículo ante el modelo pequeño; provocamos accidentes y huimos; exceso de velocidad; no respetamos las vías de tránsito; neblineros encendidos sin necesidad…

 

Este 2017 un curso sobre educación vial será beneficioso, pero no solo aquella que nos sirve para sacar y/o tramitar la licencia, porque para eso están las escuelas de automovilismos, que por cierto también deben ser reguladas, sino aquella que nos permita respetar los derechos y obligaciones del conductor y también del ciudadano de a pie. Urgente para el cambio y eso esperamos: hacer que las próximas generaciones se conduzcan mejor, pero claro, si se impulsa el pénsum de curso en educación vial.

 

Por tanto, conocer la Ley de Tránsito, hacer el proceso de formación en educación vial, practicar las obligaciones que tenemos, es el principal desafío ahora. No pueden quedar en el museo del desperdicio las pasarelas: se han puesto para cruzar las calles y no para las mantas, pantallas de anuncios y propaganda política (¡todavía se miran caras!) —Que se prohíba y limpien para que dé gusto pasar—. Es decir, la responsabilidad de usar estos pasos comienza con el mantenimiento, cuidado y protección. Como decimos en buen chapín “que dé gusto pasar” en esas pasarelas.

 

Piense entonces: “Conducirnos como Dios manda” es quizá el mejor propósito ante la defensa de la vida… y sobre todo, aplicar las sanciones respectivas para hacer cumplir la Ley de Tránsito y “jamás sobornar”.

 

Mientras tanto, pienso usar mi bicicleta y disfrutar de la ciudad, sus calles, especialmente la 14 para ver a las vecinas y vecinos caminar seguros y libres; a propósito, propongo la campaña Bicicarril ¡ya! De repente... de repente…

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