Enero 18, 2018

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Aquí no pasa nada I La Catorce

By Junio 21, 2017 0

La semana pasada debía presentar la estrategia y la planificación para una campaña de marketing a nivel nacional, la cual debe ir dirigida a diferentes segmentos de la población; por lo que, para tener datos más exactos, me dediqué una buena parte del tiempo a investigar sobre los indicadores demográficos actuales de nuestro país.

 

Lamentablemente no se cuenta con información concreta de parte del Instituto Nacional de Estadística (INE); por lo que tuve que valerme de otro tipo de datos, pero tampoco aseguraban su exactitud.

 

Guatemala cuenta con un aproximado de 17 millones de habitantes actualmente, lenes más, lenes menos. De ésta población, se estima que entre un 70 a un 75 por ciento lo componen personas menores a los 35 años; es decir, los rangos que según la UNESCO abarcan desde la infancia hasta el joven adulto.

 

Estas cifras resultan alarmantes cuando vemos que en un país eminentemente joven; las oportunidades para el buen desarrollo de este segmento poblacional, resultan ser escasas e inclusive inexistentes.

 

Vemos con desencanto que el desarrollo cultural, artístico, deportivo, económico, educativo y hasta social; sigue siendo la gran piedra de tropiezo en nuestro país.

 

Los muy pocos afortunados que han tenido acceso a estas oportunidades debieron buscarse la vida en otros países, dónde la fortuna parece sonreírles. Un hecho impensable para la mayoría de la población, donde la escasez de recursos, la injusticia, el subdesarrollo, el pésimo sistema educativo, y miles de etcéteras; no les permiten acceder a un mejor nivel de vida y mejorar sus condiciones.

 

Hace algunos meses me encontré con la mamá de un gran amigo mío; excelente músico y virtuoso guitarrista. Una noche antes asistí al concierto de rock que su banda realizó en uno de los pocos bares donde se puede oír buen rock en Xela; el público no los dejaba bajarse del escenario e inclusive muchas chicas, en su mayoría extranjeras, les pidieron tomarse una foto con ellas; pues con sus covers bien afinados de bandas famosas, hicieron que casi todos los concurrentes nos levantáramos de nuestros asientos y sacudiéramos nuestras cabezas al compás de cada rola.

 

En cuánto a la interpretación en guitarra eléctrica, nada que envidiarle a Slash. Y lo dice un súper fan de Guns N´Roses.

 

Regresando al encuentro con la mamá de mi amigo, me preguntó ¿cómo estuvo el concierto anoche? Sólo pude contestarle: Espectacular. Sin lugar a dudas son unos chavos muy talentosos. Me encantaría verlos triunfar y que lleguen muy lejos.

 

Escuché el sollozo en su voz al decirme: “Hay Ale, siempre he pensado que si mi hijo viviera en otro país; no tendríamos qué pasar las penas que pasamos aquí. No sabés lo difícil y frustrante que es para él sentir cómo su vida se desperdicia en un país donde ser músico es una pérdida de tiempo. No a todos les dan las mismas oportunidades y a veces puede más el cuello o la suerte que el talento”.

 

Nos despedimos y al alejarme me quedé pensando un largo rato en todos los jóvenes con sueños de gloria, triunfo y libertad.

 

Y es que al parecer, para muchos guatemaltecos, nuestro pecado más grande fue haber nacido en este bendito país. No digo que sea imposible alcanzar el éxito. Pero creo que quién está en el camino de ver materializados sus sueños y se esfuerza por ello, debe trabajar quizás el triple de lo que alguien con acceso a recursos y oportunidades logra al primer intento.

 

Veo con preocupación cómo todo ese potencial se desperdicia; hablamos de más de tres generaciones que a dónde volteen a ver; no le ven pies ni cabeza a ésta babosada.

 

Veo también cómo la generación de los que nos antecedieron; no fueron capaces de resolver ésta problemática; por distintos factores: El silenciamiento y represión del que fueron víctimas durante el conflicto armado, la corrupción, incapacidad y falta de visión de los políticos buenos para nada, y la misma apatía y conformismo de la población.

 

Hay que salir a buscar las oportunidades porque éstas no caen del cielo; dicen con cinismo los que siempre las han tenido. Con el sólo hecho de terminar la secundaria y universidad, estamos por encima del 95 por ciento de la población cuyo único afán es sobrevivir el día a día; sin esperanza de futuro, con capacidad de soñar pero sin tener la suerte concretar esos sueños como quiénes han nacido en cuna de plata. O cuando menos, nacidos en la comodidad de un hospital.

 

Preocupa, indigna y duele ver cómo en cada pueblo o aldea de nuestro hermoso país, un martes cualquiera por la tarde; sea común que los patojos se reúnan en un parque, un edificio abandonado o una calle poco transitada a hacer coperacha para comprar un gordo de guaro, unos chancuacos o una bolsita de mota; ¿quién sabe si a manera de entretenimiento o como válvula de escape de la cruda realidad que les tocó vivir?

 

Al fin y al cabo, como lo profetizó El Gran Moyas: En éste país solo loco o a verga se puede vivir.

 

Si bien nos va.

 

Y así, otra generación se va desperdiciando, porque aquí no pasa nada. Y si pasa, no te pasa a vos.

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Alejandro Maldonado

Director de Marketing del Diario de los Altos. Modelo 79; entrepreneur, amante del marketing, del café guatemalteco, del vino tinto, de las guapas mujeres y de la marimba. Cree en la libertad y la defiende sabiendo que puede perderla en el intento. amaldonados@diariodeloslatos.com