Enero 18, 2018

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¿Somos o no somos?

By Julio 05, 2017 0

Me despierto algo tarde para asistir a una reunión; así que mientras preparo café y algo rápido para desayunar; veo las notificaciones en la pantalla del celular, 83 mensajes en WhatsApp, 8 de Instagram, 21 de Facebook, 4 de Twitter y 2 de Telegram. Ya sé, soy un tecnodependiente; como todos a los que nos tocó vivir en ésta época; creo.

 

Luego de responder los chats, ingreso a ver las notificaciones en Facebook y regreso al “Time line” a enterarme de los últimos chismes, ver en dónde cenaron o desayunaron mis contactos, quién terminó su relación, cuántos andan de viaje y por dónde, quiénes están estresados por las clases, o hasta las clásicas cadenas de oración para que la abundancia llegue a tu vida.

 

Sigo dándole sorbos a la taza de café mientras mi cerebro piensa en las palabras justas que debo pronunciar frente al cliente: “No debe parecer que le querés vender a la fuerza” “Podrías manejar un porcentaje más bajo para poder negociar” “Si el pedido es mayor podría darles un porcentaje adicional de descuento” y mil tácticas de negociación que se me cruzan por la mente en ese momento.

 

Ya la taza va a la mitad y yo pareciera que no termino de despertar.

 

Sigo pasando el dedo sobre la pantalla del teléfono, cuando de repente veo una imagen algo grotesca. En el titular resalta: “Cambiando Guatemala a través de la moda artesanal”; en ella aparece una mujer rubia de unos 30 años luciendo altiva con un vestido verde floreado y accesorios con detalles característicos de los trajes típicos elaborados y confeccionados por mujeres artesanas mayas de nuestro país. A los lados; en segundo plano, aparecen las imágenes de algunas mujeres mayas exhibiendo algunos productos elaborados artesanalmente; se deduce que son artesanas y vendedoras de esos artículos. En la foto, se puede percibir un aire de altanería y arrogancia de parte de la mujer del encuadre central; mientras que la participación de las demás mujeres puede percibirse como puramente decorativa, folklórica, autóctona, pintoresca; como siempre ha sido utilizada la imagen del “indito” en Guatemala. Pura fachada.

 

Grotesco. Simplemente grotesco.

 

En un país dónde los morenos son (somos mayoría) tal parece que no hemos terminado de aceptar nuestras condiciones y sesgos sociales.

 

Por un lado, los editores de la revista saben que su target es muy “selectivo” y es el tipo de imagen que quiere y esperan ver; pues se tiene el concepto ¿erróneo? de que los blancos parecen más elegantes, finos y sofisticados. Por otro lado, están los fotógrafos y creativos, quiénes aun teniendo un criterio artístico propio, deben acatar las directrices del consejo editorial.

 

No es de extrañar, que en Guatemala éstos mecanismos de discriminación racial parezcan normales; sobre todo cuando no hemos terminado de encajar en nuestra propia identidad. Nos repetimos hasta el cansancio que nuestro problema no es racista sino clasista, sin embargo, nuestras consideraciones de clase están determinadas por definiciones de raza o de pisto.

 

Así, tratamos de vernos como un país mestizo pero aspiramos a “blanquearnos” porque es más “cool”; es socialmente mejor aceptado y denota más “caché”. Una absoluta crisis de identidad. O sea, mestizos queriendo parecer blancos; cuando no somos ninguna de las dos cosas.

 

Todo esto repercute en la manera como vemos al mundo; pero más importante, lo que hacemos.

 

Es decir, el racismo, clasismo, xenofobia, etnocentrismo y segregación son producto de la ignorancia que nos hace creer y sentirnos superiores a los demás. Esto, como todos sabemos, ha propiciado el origen de varias guerras en todo el orbe, provocando millones de muertes a lo largo de la historia de la humanidad.

 

Lamentablemente, en nuestro país también ha sucedido. Sigue sucediendo y al parecer seguirá sucediendo por mucho tiempo más; mientras no cambiemos nuestra percepción hacia los demás y entendamos que más importante que el color de piel; es la conciencia y las acciones que realizamos en el día a día.

 

Cuando entendamos que esa ignorancia nos produce mucho daño a la vez que se lo ocasionamos a otro ser humano; en ese instante posiblemente hayamos encontrado la fórmula para acabar con las guerras, el racismo y la discriminación.

 

Hasta que no cambiemos nuestros trabes mentales, prejuicios implantados, condicionamientos sociales y complejos de superioridad; hasta que no cambiemos nuestra conciencia y nos veamos todos como una sola especie (iba a decir raza, pero pecaría de hipócrita) sin importar el color de nuestra piel, ojos, cabello o el tipo de vestimenta que utilicemos; no habremos comprendido nada sobre amar a nuestros semejantes.

 

Hasta que ese día llegue, no seremos más que una especie de primates con delirios de grandeza.

 

Entonces, ¿qué carajos somos?

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Alejandro Maldonado

Director de Marketing del Diario de los Altos. Modelo 79; entrepreneur, amante del marketing, del café guatemalteco, del vino tinto, de las guapas mujeres y de la marimba. Cree en la libertad y la defiende sabiendo que puede perderla en el intento. amaldonados@diariodeloslatos.com