Enero 18, 2018

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Lecciones latinoamericanas para un impeachment a Trump

By Julio 21, 2017 0

Algunos estadounidenses y miembros del Congreso han pedido la destitución del presidente Donald Trump. Latinoamérica puede arrojar luz sobre un proceso complejo. 

 

Cada día son más las voces que de manera oficial, y no oficial, se suman al pedido de destitución del presidente de los Estados Unidos. Si Trump llegara a dejar su puesto vacante por la consumación de un procedimiento así el vicepresidente ocuparía su lugar, pero otras partes del gobierno seguirían sin cambios.

 

De ahí que la polarización partidista puede ser ampliada en el proceso. Muchos estadounidenses ya piensan que el gobierno está demasiado dividido a lo largo de líneas partidistas y que la corrupción ha alcanzado los niveles más altos de gobierno. Estas creencias reducen la confianza pública y la insatisfacción con el gobierno en general.

 

La crisis política actual en Estados Unidos comparte similitudes con los temas políticos de América Latina. Estamos viendo un partidismo radical, la insatisfacción pública, y un pobre desempeño del gobierno. Dado que sólo un presidente de los Estados Unidos ha dejado el cargo debido a actos ilícitos, los ejemplos de América Latina pueden dar alguna perspectiva.

 

Una impugnación inherentemente política que se haga más para castigar a los enemigos que para limpiar las instituciones sería un error. Eliminar a un presidente puede ayudar, pero una limpieza real requiere más esfuerzo. Tomemos como ejemplo el caso de Guatemala. Aunque no fue un impeachment como tal, para atajar la raíz de la corrupción en septiembre de 2015, el entonces el presidente guatemalteco Otto Pérez Molina fue obligado a dimitir ante las masivas protestas populares. Fue implicado en una investigación sobre la corrupción en las aduanas nacionales, para lo cual fue arrestado al día siguiente de su dimisión.

 

También había sido acusado de aceptar sobornos de una empresa española a cambio de otorgarle un lucrativo contrato a largo plazo con el gobierno de Guatemala. Una elección se llevó a cabo poco después de la renuncia de Pérez Molina, y  Jimmy Morales, un comediante de la televisión sin experiencia política, ganó la presidencia sobre una exprimera dama.

 

Después de su primer año en el cargo, que los opositores han ridiculizado como "ineficiente", Morales también se enfrenta a un escándalo de corrupción que involucra acusaciones de que su hijo y su hermano han tenido tratos fraudulentos con una agencia gubernamental. Hasta aquí el proceso y sus “cambios”, dejaron mucho que desear.

 

Vemos un fracaso similar en Brasil. La expresidenta Dilma Rousseff fue enjuiciada en 2016 en medio de una investigación anticorrupción. Ya había investigaciones pendientes de corrupción contra 37 de los 65 miembros de la comisión parlamentaria de acusación, pero ninguno de ellos fue retirado de su cargo. No es de extrañar que el enjuiciamiento de Rousseff pareciera a muchos inspirarse en el sexismo, más que en los esfuerzos de lucha contra la corrupción.

 

El reemplazante de Rousseff, el presidente Michel Temer, fue acusado de delitos relacionados con la corrupción en junio de 2017. Sin embargo, el partido político de Temer y sus aliados controlan la mayoría del Congreso y el presidente del Congreso es un aliado de Temer. Es improbable que se lleve a cabo un juicio político formal, y más improbable aún que se den cambios en el sistema político como tal.

 

Resumen: los problemas con la gobernanza rara vez se arreglan al ir tras un presidente impopular o corrupto si se permite que los problemas institucionales fundamentales continúen sin control. El trabajo duro de exigir transparencia de manera más general puede ayudar a llegar a la raíz del problema. El progreso en Guatemala ha sido impulsado por una comisión internacional de lucha contra la corrupción que ha ayudado a los funcionarios locales a iluminar las irregularidades oficiales en todos los niveles del gobierno.

 

En última instancia, el uso de canales legales para mejorar las instituciones políticas, en lugar de centrarse en un solo político malo, puede mejorar el estado de derecho.

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Armando Diéguez

Armando Diéguez, guatemalteco, periodista por elección, incondicionalmente apasionado por la ciencia, el cine, la literatura, el medio ambiente y la realidad global. Formado en Ciencia Política y en Lengua y Literatura. Con experiencia en redacción y análisis durante los últimos dos años. Colabora con el diario digital español MUNDIARIO donde coordina el área de Economía y funge como analista de economía y política.