Diciembre 15, 2017

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¿Cuánto tiempo durará el aferramiento de Maduro al poder? Depende de los militares

By Noviembre 29, -0001 0

La lealtad de los soldados venezolanos se está debilitando. La historia reciente muestra desde la primavera árabe, hasta los golpes latinoamericanos, que cuando los militares retiran el apoyo al líder la caída es inminente.

 

Por eso es que si el ejército venezolano retira el apoyo al presidente Nicolás Maduro, su fin puede estar cerca. Una gran clase media ha sido empujada a la pobreza en

 

Venezuela. La alimentación y la medicina son escasas, mientras que la malnutrición es generalizada. Las fuerzas de seguridad han golpeado violentamente a los manifestantes de la oposición y encarcelado a importantes figuras opositoras.

 

El que preside este autentico desastre es precisamente Maduro, quien fuera elegido por estrecho margen en marzo de 2013 tras la muerte de Hugo Chávez. En medio de la impresionante declinación de su popularidad tanto dentro como fuera de Venezuela, ¿qué harán los militares?

 

Una mirada breve a la investigación sobre las relaciones cívico-militares en América Latina y otras regiones señala que la lealtad de un ejército a un régimen puede vacilar cuando se enfrenta a protestas masivas. Si el ejército le da lealtad a un líder, ello tiene un precio. Pero si las fuerzas armadas retiran su apoyo permaneciendo en sus cuarteles y rechazando silenciar las protestas, los días del líder están contados.

 

La historia nos muestra que en América Latina, las antiguas repúblicas soviéticas, y el Medio Oriente,  cuando el número de manifestantes aumenta, la policía a menudo se retira porque no está equipada para contener manifestaciones masivas. Es en ese momento cuando las fuerzas armadas deciden quedarse en sus cuarteles en lugar de dirigirse a las calles para hacer cumplir el orden, y los líderes políticos caen rápidamente del poder.

 

Esto ocurrió por ejemplo en Argentina en diciembre de 2001 cuando el presidente Fernando de la Rúa presidió un colapso financiero de proporciones épicas. Los ciudadanos ya no podían retirar dinero de sus cuentas de cheques y de ahorro, lo que provocaba disturbios y saqueos generalizados. Cuando el presidente pidió a sus militares que intervinieran para restablecer el orden, estos se negaron. Inmediatamente después, De la Rúa se vio obligado a huir para salvar su vida en helicóptero desde la azotea del palacio presidencial.

 

Situaciones similares se desarrollaron durante los levantamientos revolucionarios en Georgia (2003) y Ucrania (2004), y más recientemente en Túnez (2010) y Egipto (2011), durante la Primavera Árabe. Después de que los militares en cada uno de esos países hicieron saber que no se silenciaría a los manifestantes, los presidentes se vieron obligados a dimitir. En la propia Venezuela en 2002, el presidente Hugo Chávez fue momentáneamente expulsado del poder después de haber ordenado a los militares que sometieran violentamente una manifestación masiva. Los soldados se negaron a obedecer, y en cambio, muchos participaron en el complot golpista para derrocarlo.

 

Los procesos políticos no son nunca exactos, y no pueden ser previstos de la misma manera que un experimento controlado, pero podría pensarse que la situación se acerca a un final similar. Los militares venezolanos tendrán que sopesar sus opciones, a la luz de dos posibilidades importantes.

 

Si los militares participaran en una represión violenta, tal situación los pondría en una posición vulnerable si el presidente termina cayendo por otros medios. Un nuevo gobierno probablemente llegará al poder, lanzará investigaciones sobre derechos humanos y juicios contra los perpetradores, poniendo en peligro la carrera de muchos oficiales.

 

En un escenario distinto, el gobierno de Maduro se sostiene, pero el ejército está dividido por el conflicto dentro de sus filas. Muchos oficiales de rango medio o inferior en Venezuela no solo están ideológicamente menos comprometidos, sino que tienen menos privilegios económicos.

 

 

Podrían simpatizar fácilmente con la difícil situación de millones de venezolanos ordinarios. Es de estas filas que han surgido los últimos grupos militares rebeldes. Si estos elementos rebeldes crecen, pueden llegar a los golpes con los leales, colocando en peligro la cohesión de los militares y poniendo en aprietos de cualquier manera la base que sostiene a Maduro. De cualquier manera e independientemente de lo que suceda, no hay mal que dure cien años.

La lealtad de los soldados venezolanos se está debilitando. La historia reciente muestra desde la primavera árabe, hasta los golpes latinoamericanos, que cuando los militares retiran el apoyo al líder la caída es inminente.

 

 

Por eso es que si el ejército venezolano retira el apoyo al presidente Nicolás Maduro, su fin puede estar cerca. Una gran clase media ha sido empujada a la pobreza en Venezuela. La alimentación y la medicina son escasas, mientras que la malnutrición es generalizada. Las fuerzas de seguridad han golpeado violentamente a los manifestantes de la oposición y encarcelado a importantes figuras opositoras.

 

 

El que preside este autentico desastre es precisamente Maduro, quien fuera elegido por estrecho margen en marzo de 2013 tras la muerte de Hugo Chávez. En medio de la impresionante declinación de su popularidad tanto dentro como fuera de Venezuela, ¿qué harán los militares?
 
Una mirada breve a la investigación sobre las relaciones cívico-militares en América Latina y otras regiones señala que la lealtad de un ejército a un régimen puede vacilar cuando se enfrenta a protestas masivas. Si el ejército le da lealtad a un líder, ello tiene un precio. Pero si las fuerzas armadas retiran su apoyo permaneciendo en sus cuarteles y rechazando silenciar las protestas, los días del líder están contados.
 
La historia nos muestra que en América Latina, las antiguas repúblicas soviéticas, y el Medio Oriente,  cuando el número de manifestantes aumenta, la policía a menudo se retira porque no está equipada para contener manifestaciones masivas. Es en ese momento cuando las fuerzas armadas deciden quedarse en sus cuarteles en lugar de dirigirse a las calles para hacer cumplir el orden, y los líderes políticos caen rápidamente del poder.
 
Esto ocurrió por ejemplo en Argentina en diciembre de 2001 cuando el presidente Fernando de la Rúa presidió un colapso financiero de proporciones épicas. Los ciudadanos ya no podían retirar dinero de sus cuentas de cheques y de ahorro, lo que provocaba disturbios y saqueos generalizados. Cuando el presidente pidió a sus militares que intervinieran para restablecer el orden, estos se negaron. Inmediatamente después, De la Rúa se vio obligado a huir para salvar su vida en helicóptero desde la azotea del palacio presidencial.
 
Situaciones similares se desarrollaron durante los levantamientos revolucionarios en Georgia (2003) y Ucrania (2004), y más recientemente en Túnez (2010) y Egipto (2011), durante la Primavera Árabe. Después de que los militares en cada uno de esos países hicieron saber que no se silenciaría a los manifestantes, los presidentes se vieron obligados a dimitir. En la propia Venezuela en 2002, el presidente Hugo Chávez fue momentáneamente expulsado del poder después de haber ordenado a los militares que sometieran violentamente una manifestación masiva. Los soldados se negaron a obedecer, y en cambio, muchos participaron en el complot golpista para derrocarlo.
 
Los procesos políticos no son nunca exactos, y no pueden ser previstos de la misma manera que un experimento controlado, pero podría pensarse que la situación se acerca a un final similar. Los militares venezolanos tendrán que sopesar sus opciones, a la luz de dos posibilidades importantes.
 
Si los militares participaran en una represión violenta, tal situación los pondría en una posición vulnerable si el presidente termina cayendo por otros medios. Un nuevo gobierno probablemente llegará al poder, lanzará investigaciones sobre derechos humanos y juicios contra los perpetradores, poniendo en peligro la carrera de muchos oficiales.
 
En un escenario distinto, el gobierno de Maduro se sostiene, pero el ejército está dividido por el conflicto dentro de sus filas. Muchos oficiales de rango medio o inferior en Venezuela no solo están ideológicamente menos comprometidos, sino que tienen menos privilegios económicos.
 
Podrían simpatizar fácilmente con la difícil situación de millones de venezolanos ordinarios. Es de estas filas que han surgido los últimos grupos militares rebeldes. Si estos elementos rebeldes crecen, pueden llegar a los golpes con los leales, colocando en peligro la cohesión de los militares y poniendo en aprietos de cualquier manera la base que sostiene a Maduro. De cualquier manera e independientemente de lo que suceda, no hay mal que dure cien años.
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Armando Diéguez

Armando Diéguez, guatemalteco, periodista por elección, incondicionalmente apasionado por la ciencia, el cine, la literatura, el medio ambiente y la realidad global. Formado en Ciencia Política y en Lengua y Literatura. Con experiencia en redacción y análisis durante los últimos dos años. Colabora con el diario digital español MUNDIARIO donde coordina el área de Economía y funge como analista de economía y política.