Diciembre 15, 2017

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Recibí un WhatsApp de mi amigo Miguel, (Mick pa´los cuates) diciéndome que pensaba venir a Xela a celebrar su cumpleaños y que si íbamos al tributo a The Doors que se realizaría en un local del centro histórico de Xela el fin de semana. No soy mucho de seguir bandas tributo, pues si bien es cierto que tratan de rendir homenaje a alguna banda o cantante en particular; sigue siendo una banda de covers y nada mejor que escuchar al grupo original. Sin embargo, dado que teníamos un buen tiempo de no vernos con Mick, acepté la invitación. Charlar con tus amigos, recordar viejos tiempos, escuchar algo de buena música y un par de cervezas nunca caen mal, pensé.

 

Llegamos alrededor de las 8:30 al local y para mi sorpresa ya estaba lleno. No encontramos mesas disponibles, así que tuvimos que buscar un lugar que nos permitiera tener una mejor visión del espectáculo. Media hora saludando cuates, ordenando algo para beber, ir al sanitario, escuchar la música de ambiente o echarle un ojo a una que otra patoja de buen ver y tantear el terreno para abordarla. ¿Quién sabe, quizás la noche me tenga preparada alguna sorpresa?

 

Nueve en punto de la noche. Se apagan las luces, se empieza a escuchar el rasgueo a las cuerdas de una guitarra eléctrica, afinar los bajos y se escucha al fondo ruidos de baquetas y tambores. Aparece en el escenario la figura de una chica rubia de porte extranjero y dos peludos y barbudos con pinta de rockeros. Genial, el tipo de ambiente que me gusta. Entre covers de The Beatles, Layla Roots (se llama la banda) prendieron al público y pusieron a bailar a uno que otro chato.

 

Diez en punto y Layla Roots toca la última rola del set list; pero no contaban con que el público les pediría la clásica rola de ajuste: “otra”, “otra”, “otra” gritábamos todos al unísono. Y nos complacieron.

 

Se empieza a ver el clásico movimiento de una banda de rock previo a subirse al escenario. Un peludo de ojos azules y porte de chico malo se bebe una chela a fondo; mientras los demás empiezan a ser alentados por sus parejas. Casi todos vestidos de negro, inclusive las guapas acompañantes femeninas que no pueden faltar en toda banda de rock que se precie de serlo.

 

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Se ve a los músicos subiendo al escenario y cada uno empieza a colocarse en su respectivo lugar. Y el rasqueo de la guitarra hace retumbar el local. Arrancan con un poema de Jim Morrison, seguido de “Hello i love you” y no puedo evitar empezar a mover la cabeza y el cuerpo, a la vez que todos los presentes empezamos a entonarla al unísono. Le siguen “Soulkitchen”, “Love me two times”, “Changelling”, “Gloria”, “Whisky Bar”, “Back Doorman”,  “Roadhouse Blues”, “Riders on the Storm” y el público delira.

 

Para ésto ya me he acercado al escenario y tomo algunas fotografías y videos. Me mezclo entre el público. Todos cantando, bailando, sacudiendo la cabellera o el cuerpo y uno que otro entregado al mosh. No pude evitarlo y me uní a ellos.

 

“Been down so long”, “Love her Madly” y “Ghost song” siguen al repertorio y cada vez más los asistentes se muestran eufóricos. Llega el turno de “L.A. Woman”, “Five to one” y “Break on through” y ya el ambiente es psicodelia pura. Volteo a ver a todos lados y me percato que dentro de los asistentes hay jóvenes que apenas aparentan dieciocho años, parejas de esposos que viajaron desde la capital, gente de otros departamentos, señoras de más de cincuenta años, en fin, una amalgama de amantes de ésta banda que pareciera atemporal.

 

“Light my fire” nos pone a todos en estado catatónico y para eso, Chazz, el vocalista hace gala de sus dotes histriónicos y se embelesa en un suculento y exquisito performance, emulando al extinto Mr. Mojo Risin y se baja del escenario a bailar con el público. Éxtasis total.

 

 Faltaba la guindilla en el pastel. Y llegó justo con la magistral interpretación de “The End”. Apoteósico.

 

Sin embargo, el público aún pedía más y no pudo faltar: “People are Strange” para culminar una velada por demás excelsa.

 

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The Doors of Perception, la banda guatemalteca que rinde tributo a la icónica The Doors está integrada por Chalo, baterista; Gilberto, guitarrista; Filo, bajista, André, Tecladista y Chazz, vocalista. No podía perderme la oportunidad de conocerlos y compartir un momento con ellos para conocer su trayectoria.

 

Nos reunimos en un bar del centro histórico Filo, Laura, su novia; André y yo. Al filo de las cinco de la tarde, una fresca tarde de domingo, nos apeteció una cerveza. Mientras yo preparaba la grabadora de audio del celular, André servía los vasos de refrescante y espumosa Cabro; faltaba más.

 

Filo tomó la iniciativa de responder a la pregunta ¿Cómo es que llegaron a Xela? Dijo que hubo varias pláticas con muchas personas pero que debido a la informalidad y falta de seriedad de los interesados en organizar el evento; no habían llegado a concretar nada. Que Sara (vocalista de Layla Roots) los había contactado vía Twitter y que ahí empezaron a organizar el toque. Primero ellos vendrían a la capital a tocar con nosotros y luego nosotros iríamos a Xela a tocar con ellos. “Creo que entre artistas nos comprendemos mejor y sabemos lo que cuesta organizar un concierto. Las empresas salen ganando con los eventos, pues ellos son los que ponen el lugar, cobran el cover, venden la chela y obtienen ganancias; pero es muy difícil que valoren el esfuerzo y trabajo que los músicos hacemos y muchas veces hasta nos piden que toquemos gratis; según ellos para darnos a conocer”.

 

Si, interviene André; si el evento sale bien, ellos se lucen; pero si sale mal le echan el muerto al grupo o al artista. Es muy complicado el panorama del Rock en Guatemala. Ya no hay espacios decentes para montar un buen toque, con el cese de la programación Rock de la radio “La Marca” en 2,007; la escena del movimiento fue mermando. Cada vez fueron más escasos los eventos que aglutinaran gente y se reunieran varias bandas a tocar; contrario a lo que sucedía en los 90´s, dónde todos se conocían, organizaban toques y tocaban juntos. Eso, junto a la muerte de Andrade y la separación de Bohemia (Suburbana) fueron algunas de las circunstancias que hicieron que el movimiento perdiera fuerza.

 

Ahora, la cosa parece distinta. Emergen varias bandas de rock nuevas y con mucha calidad. Estamos viendo cómo las bandas grandes integran a las pequeñas en sus toques y las ayudan a darse a conocer. Bohemia ha venido haciendo eso y la respuesta del público ha sido excelente; comentó André.

 

¿Y cómo vieron el toque de anoche en Xela?

-Uffffff, creo que ha sido uno de los mejores toques que hemos tenido. Manifestó Filo. El público entregado; cantando, bailando y mosheando; algo que ya no he visto en muchos de los toques que generalmente damos. Una muy buena vibra y la energía que nos transmitieron se sintió. Al final, uno como artista es lo que se lleva; el reconocimiento, el aprecio y el aplauso del público; sobre todo uno tan culto y exigente como el de Xela. Eso no tiene precio.

 

¿Y ahora qué sigue?

Pues queremos incursionar en el mercado centroamericano y organizar toques en toda la región; porque también muchas bandas guatemaltecas son bien recibidas, en El Salvador, Honduras y Costa Rica. También nos encantaría tocar en el “Whisky a Go Go” en Los Angeles; pues fue el bar dónde The Doors empezó a ser leyenda. Luego Inglaterra y ¿quién sabe? Quizás conquista Europa; expresó Filo. Todos reímos y bebimos un sorbo de cerveza.

 

¿Qué le dirían a las nuevas bandas o qué consejo les darían?

Pues prepárense muchá; estudien, aprendan y esfuércense por mejorar cada día. Sean serios, formales y responsables, pues eso dirá mucho de ustedes. Si alguien les dice que en Guatemala los músicos se mueren de hambre, pero si ustedes traen el arte y el talento en la venas; luchen por perseguir sus sueños; no va a ser fácil, pero con constancia, disciplina, determinación y con mucha calidad; seguramente lo van a lograr; comentó André.

 

Les agradecí el tiempo, la entrevista y la cerveza. Nos quedamos platicando de muchas cosas más; como si fuéramos conocidos de hace mucho tiempo. Ya pasaban las seis de la tarde cuando dijeron que se debían retirar pues el viaje a la capital podría ser un poco agotador; pero recordamos que el paso infernal por Chimaltenango es más fluido mientras más avanzada sea la noche; así que sugirieron compartir otra cerveza; pero ésta vez una artesanal obscura. Obviamente no me negué.

 

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LUIS ARRIAZA

 

Nos despedimos mientras intercambiamos números y la promesa de seguir experimentando y probando nuevas y deliciosas chelas.

 

Un gran gusto compartir con ustedes The Doors of Perception.

Nací en Momostenango, Totonicapán el seno de una familia de clase media baja, ambos padres maestros de profesión pero por distintas razones ejercieron muy poco su profesión; de ascendencia mestiza; crecí sin muchos privilegios, más bien mi infancia se desarrolló entre carencias económicas y muchos períodos de escasez en el hogar. Mi infancia y adolescencia tuvo lugar en San Lucas Tolimán, Sololá y Momostenango; mis padres desempeñaron muchos oficios para brindarnos a mis hermanos y a mi alimentación, techo, salud, educación, vestuario y lo básico para nuestra subsistencia.

 

En el colegio no puedo decir que haya sido muy brillante, siempre fui el chico problema porque no encajaba en ningún grupo. Por un lado, algunos de mis compañeritos  “ladinos” pudientes me rechazaban porque muchas veces vieron a mi madre en su casa ofreciendo los productos que sus laboriosas manos preparaban para obtener algunos ingresos para el hogar; fui objeto de burla por eso y porque vestía ropita sencilla y en ocasiones de segunda mano que personas bondadosas regalaban a mis padres para que pudiéramos tener al menos mejor presentación.

 

Por otro lado, fui rechazado por mis compañeritos “indígenas”; puesto que mi color de piel, mi apellido y la ropa que usaba era diferente a la de ellos (si supieran que era regalada). Mi mamá dice que ustedes son malos; era una de las frases que les escuchaba decir constantemente. Yo no entendía qué pasaba. Sólo opté por encerrarme en mis pensamientos y no involucrarme del todo con los demás. Fui un patojo diferente si, solitario, problemático y rebelde.

 

Conforme fui creciendo, constantemente escuchaba frases como: “A los indios dales la mano y te agarran las patas” o “No tiene la culpa el indio sino quién lo hace compadre”; por el lado de los ladinos; y otras como: “El ladino si no es aprovechado no es ladino” o “Ladino creído y ni pisto tiene” del lado de los indígenas. Esto me presentaba un panorama dicotómico, puesto que mi confusión se debía a que no sabía a quién creerle o por lo menos, fueron frases que calaron en lo más profundo de mi subconsciente y me hicieron mucho daño a la hora de relacionarme con las demás personas; siempre estuve a la defensiva, esperando ser engañado, usado, marginado o estafado por un bando o por el otro.

 

La cosa se complicó cuando llegué a la adolescencia y me empecé a interesar por las mujeres. Quizás por mis instintos masculinos me llamaban la atención por igual indígenas y ladinas. En casa o en pláticas con amigos siempre escuché decir que las costumbres no son iguales, que terminaría siendo engañado por una indígena, que eso no ayudaría a mejorar la raza, que si me metía con una india tendría que aguantar malos olores y cosas muy despectivas.

 

Fue cuando empecé a construir mi identidad y alcanzar cierto grado de juicio y madurez, que decidí mandar a la mierda los prejuicios estúpidos y me lancé a ir tras de mi felicidad. Sea “india” o “ladina” no me interesa. Si me hace feliz a mí, me viene sobrando si a los demás les gusta o no. Tuve novias que se podrían catalogar como indígenas, debido a sus apellidos o vestuario (cosa más estúpida). No me importó si me recibían en su casa vestidas con su traje típico o si íbamos por la calle o por un café de la misma forma. Importaba lo que yo sentía y lo que las personas que me conocían pensaran, ya era clavo de ellos. Yo era feliz.

 

Al ir desarrollando la relación con ellas, me fui percatando de ciertas actitudes que me confundían. Me evadían; ya no querían que saliéramos tan frecuentemente y muchas veces hasta me ocultaban de sus amistades. Al preguntarles qué pasaba, me respondían casi de la misma forma: “No sé qué va a pensar la gente de nuestra relación” “es que tus amigos se burlarán de mí, de mis apellidos o de mi vestimenta” o “si tenemos hijos, ¿cómo los vamos a criar, con tus costumbres o con las mías? ¿Qué religión vamos a tener? ¿Por qué iglesia nos vamos a casar? Y cosas así, que a mí me parecían realmente estúpidas.

 

Entonces lo comprendí. Xenofobia y etnocentrismo. De ambos lados desde luego.

 

En Guatemala, el racismo, la discriminación racial y la intolerancia están profundamente arraigadas y son una realidad en la actualidad. El relator especial de las Naciones Unidas Doudou Diène manifestó: “éstas prácticas son expresión de una penetración secular de los prejuicios que han marcado la historia de este país, la cultura y las mentalidades, y que se han magnificado con los trágicos sucesos del pasado reciente del país, que culminaron con el genocidio de los pueblos indígenas. La realidad económica y social de Guatemala se caracteriza por un desarrollo desigual entre las llamadas poblaciones “ladinas” y los pueblos indígenas y de origen africano que da fe del carácter estructural y sistémico de la discriminación. (El racismo, la discriminación racial, la xenofobia y todas la formas de discriminación)”.

 

Analicemos entonces los conceptos de “xenofobia” y “etnocentrismo”:

 

Xenofobia: tiene como ideología el rechazo y exclusión de toda identidad cultural ajena a la propia, a todo lo que sea distinto y desconocido. En ella sobresalen los prejuicios históricos, lingüísticos, religiosos, culturales, e incluso nacionales. La xenofobia es un miedo antiguo, no es innato, sino que es un elemento de las formaciones egoístas y también de las aceptaciones del lenguaje, desde muy pequeño el ser humano ha sabido diferenciar lo suyo con respecto hacia lo demás.

 

Etnocentrismo: Actitud del grupo, raza o sociedad que presupone su superioridad sobre los demás y hace de la cultura propia el criterio exclusivo para interpretar y valorar la cultura y los comportamientos de esos otros grupos, razas o sociedades.

 

Así, vemos el racismo como esas valorizaciones, actitudes y prácticas que justifican la dominación y agresión; además promueven  la segregación, estereotipos, exclusión, invisibilidad,  prejuicios, marginación, burla y omisión de un bando a otro.

 

Pero ¿de dónde nacen éstas prácticas? Creo que toda nuestra etnografía o sistema de pensamiento y comportamiento tiene su origen en la sociedad en la que hemos crecido y nos ha moldeado de tal forma que damos por normales dichas acciones. Ya lo decía Rousseau: El hombre nace bueno y la sociedad lo corrompe.

 

Por mi parte, yo sigo creyendo que la ignorancia, la homofobia y el racismo se curan leyendo, viajando y amando. Dejemos de usar calificativos para definirnos; nos llamamos de muchas formas canches, inditos, negros, chinos, ladinos, colochos, flaco, gringos o judíos. ¿Para cuándo nos llamaremos simplemente humanos?

Como algunos de ustedes saben, soy adicto al café guatemalteco. Me encanta el olor que despide la cafetera o la prensa francesa en las mañanas y nada se compara con el primer sorbo a una buena taza caliente y fuerte de éste elixir de los dioses.

 

Pues en esas estaba ayer, realizando el ritual matutino de calentar el agua y preparar los recipientes necesarios para la elaboración de la perfecta taza de café; cuando recibo una llamada a través de la aplicación de Facebook. Era mi amigo Ovidio, a quién tengo casi dos años de no ver, pero que se tomó la molestia de llamar para saludarme y nos quedamos charlando por hora y media; me contó que se casó, se mudó al oriente del país, que ya tiene una nena y las labores que realiza para ganarse la vida.

 

Luego del protocolo de costumbre, me dijo que simpatizaba mucho con las publicaciones que he hecho y me felicitó por –según él- seguir diciendo las cosas como se deben decir; sin anestesia ni doble moral. Pues no lo puede evitar –le dije- es algo que como vos sabés, he hecho desde que era pequeño y muchas veces me he metido en grandes clavos por ser sincero e ir directo a la yugular.

 

Me comentó también que ha estado al tanto del acontecer político en Guatemala y de cómo cada día éste clima de ingobernabilidad nos recalca que vivimos en un Estado fallido.

 

Y no es que quiera hablar mal de mi país, me expresó. Es que simplemente es frustrante ver cómo los funcionarios y empleados públicos pareciera que se han confabulado para no sacar a Guatemala adelante. Prueba de ello es el Congreso me decía. Vemos como 158 ineptos, “electos” por la población, sólo llegan a sentarse, a dormir, a casaquear traídas por WhatsApp, o jugar Candy Crush en las reuniones del pleno; no saben ni conocen de leyes, ni del buen arte de gobernar. No mano, esta mara entró por un loterillazo debido al perverso y disfuncional sistema electoral del país. Con razón se oponen a abrir los listados y que la elección de los “padres de la patria” sea uninominal y promover reformas estructurales a la Ley Electoral y de Partidos Políticos; porque seguramente, ellos mismos pondrían el cuello bajo el hacha y sin lugar a dudas, rodarían sus cabezas.

 

Hoy, al ver las noticias en las diferentes plataformas digitales nos enteramos que los muñecos se niegan a seguir sesionando si no se les hace efectivo el pago del Bono 14 correspondiente a Q29,150.00; pese a que los hallazgos de la Contraloría General de Cuentas estipuló que éste debe darse a partir del salario base de un diputado que asciende a Q9,500; por lo que debe pagárseles en función de éste y no sobre los Q9,600.00 que reciben por dietas ni los Q 5,000.00 que reciben por gastos de representación. Además, ésta legislatura, debe devolver el Bono 14 y el Aguinaldo recibidos íntegramente el año anterior. Cosa que los muñecos rechazan rotundamente.

 

Me parece una desfacha y absoluto descaro que siendo evidente la improcedencia del artículo 1 del Decreto 42-42 de la Ley de Bonificación Anual, el cual indica que todos los patronos, sean del sector público o privado, deben cumplir con el pago de ésta prestación anual a sus trabajadores; equivalente al 100% del SALARIO ORDINARIO devengado mensualmente; siempre y cuando el trabajador haya permanecido en su puesto por un año completo o prorrateado en función de los meses que lleva laborando en la empresa o institución.

 

Ahora, yo me pregunto: ¿Será procedente pagarles a los muñecos por un trabajo que es evidente no realizan? ¿Qué dadas las condiciones en las arcas del país, éstos parásitos aún quieran seguir desangrando a Guatemala, a sabiendas que ya no puede más? ¿Será sensato que los mismos “legisladores” desconozcan las leyes en materia salarial y laboral? ¿Será buena idea seguir erogando un pistal para mantener un sistema político viejo y disfuncional? ¿Será que por nuestra apatía y falta de amor por nuestra patria sigamos aguantando éste y otros vejámenes perpetrados por quiénes dicen “gobernarnos”?

 

Definitivamente, el país se hunde y muchos de nosotros parecemos zombies expectantes en primera fila de cómo día con día, el país se termina de ir a la mierda.

 

Ups, perdón por la vulgaridad. Me alteré.

¿Somos o no somos?

Julio 05, 2017

Me despierto algo tarde para asistir a una reunión; así que mientras preparo café y algo rápido para desayunar; veo las notificaciones en la pantalla del celular, 83 mensajes en WhatsApp, 8 de Instagram, 21 de Facebook, 4 de Twitter y 2 de Telegram. Ya sé, soy un tecnodependiente; como todos a los que nos tocó vivir en ésta época; creo.

 

Luego de responder los chats, ingreso a ver las notificaciones en Facebook y regreso al “Time line” a enterarme de los últimos chismes, ver en dónde cenaron o desayunaron mis contactos, quién terminó su relación, cuántos andan de viaje y por dónde, quiénes están estresados por las clases, o hasta las clásicas cadenas de oración para que la abundancia llegue a tu vida.

 

Sigo dándole sorbos a la taza de café mientras mi cerebro piensa en las palabras justas que debo pronunciar frente al cliente: “No debe parecer que le querés vender a la fuerza” “Podrías manejar un porcentaje más bajo para poder negociar” “Si el pedido es mayor podría darles un porcentaje adicional de descuento” y mil tácticas de negociación que se me cruzan por la mente en ese momento.

 

Ya la taza va a la mitad y yo pareciera que no termino de despertar.

 

Sigo pasando el dedo sobre la pantalla del teléfono, cuando de repente veo una imagen algo grotesca. En el titular resalta: “Cambiando Guatemala a través de la moda artesanal”; en ella aparece una mujer rubia de unos 30 años luciendo altiva con un vestido verde floreado y accesorios con detalles característicos de los trajes típicos elaborados y confeccionados por mujeres artesanas mayas de nuestro país. A los lados; en segundo plano, aparecen las imágenes de algunas mujeres mayas exhibiendo algunos productos elaborados artesanalmente; se deduce que son artesanas y vendedoras de esos artículos. En la foto, se puede percibir un aire de altanería y arrogancia de parte de la mujer del encuadre central; mientras que la participación de las demás mujeres puede percibirse como puramente decorativa, folklórica, autóctona, pintoresca; como siempre ha sido utilizada la imagen del “indito” en Guatemala. Pura fachada.

 

Grotesco. Simplemente grotesco.

 

En un país dónde los morenos son (somos mayoría) tal parece que no hemos terminado de aceptar nuestras condiciones y sesgos sociales.

 

Por un lado, los editores de la revista saben que su target es muy “selectivo” y es el tipo de imagen que quiere y esperan ver; pues se tiene el concepto ¿erróneo? de que los blancos parecen más elegantes, finos y sofisticados. Por otro lado, están los fotógrafos y creativos, quiénes aun teniendo un criterio artístico propio, deben acatar las directrices del consejo editorial.

 

No es de extrañar, que en Guatemala éstos mecanismos de discriminación racial parezcan normales; sobre todo cuando no hemos terminado de encajar en nuestra propia identidad. Nos repetimos hasta el cansancio que nuestro problema no es racista sino clasista, sin embargo, nuestras consideraciones de clase están determinadas por definiciones de raza o de pisto.

 

Así, tratamos de vernos como un país mestizo pero aspiramos a “blanquearnos” porque es más “cool”; es socialmente mejor aceptado y denota más “caché”. Una absoluta crisis de identidad. O sea, mestizos queriendo parecer blancos; cuando no somos ninguna de las dos cosas.

 

Todo esto repercute en la manera como vemos al mundo; pero más importante, lo que hacemos.

 

Es decir, el racismo, clasismo, xenofobia, etnocentrismo y segregación son producto de la ignorancia que nos hace creer y sentirnos superiores a los demás. Esto, como todos sabemos, ha propiciado el origen de varias guerras en todo el orbe, provocando millones de muertes a lo largo de la historia de la humanidad.

 

Lamentablemente, en nuestro país también ha sucedido. Sigue sucediendo y al parecer seguirá sucediendo por mucho tiempo más; mientras no cambiemos nuestra percepción hacia los demás y entendamos que más importante que el color de piel; es la conciencia y las acciones que realizamos en el día a día.

 

Cuando entendamos que esa ignorancia nos produce mucho daño a la vez que se lo ocasionamos a otro ser humano; en ese instante posiblemente hayamos encontrado la fórmula para acabar con las guerras, el racismo y la discriminación.

 

Hasta que no cambiemos nuestros trabes mentales, prejuicios implantados, condicionamientos sociales y complejos de superioridad; hasta que no cambiemos nuestra conciencia y nos veamos todos como una sola especie (iba a decir raza, pero pecaría de hipócrita) sin importar el color de nuestra piel, ojos, cabello o el tipo de vestimenta que utilicemos; no habremos comprendido nada sobre amar a nuestros semejantes.

 

Hasta que ese día llegue, no seremos más que una especie de primates con delirios de grandeza.

 

Entonces, ¿qué carajos somos?

La semana pasada debía presentar la estrategia y la planificación para una campaña de marketing a nivel nacional, la cual debe ir dirigida a diferentes segmentos de la población; por lo que, para tener datos más exactos, me dediqué una buena parte del tiempo a investigar sobre los indicadores demográficos actuales de nuestro país.

 

Lamentablemente no se cuenta con información concreta de parte del Instituto Nacional de Estadística (INE); por lo que tuve que valerme de otro tipo de datos, pero tampoco aseguraban su exactitud.

 

Guatemala cuenta con un aproximado de 17 millones de habitantes actualmente, lenes más, lenes menos. De ésta población, se estima que entre un 70 a un 75 por ciento lo componen personas menores a los 35 años; es decir, los rangos que según la UNESCO abarcan desde la infancia hasta el joven adulto.

 

Estas cifras resultan alarmantes cuando vemos que en un país eminentemente joven; las oportunidades para el buen desarrollo de este segmento poblacional, resultan ser escasas e inclusive inexistentes.

 

Vemos con desencanto que el desarrollo cultural, artístico, deportivo, económico, educativo y hasta social; sigue siendo la gran piedra de tropiezo en nuestro país.

 

Los muy pocos afortunados que han tenido acceso a estas oportunidades debieron buscarse la vida en otros países, dónde la fortuna parece sonreírles. Un hecho impensable para la mayoría de la población, donde la escasez de recursos, la injusticia, el subdesarrollo, el pésimo sistema educativo, y miles de etcéteras; no les permiten acceder a un mejor nivel de vida y mejorar sus condiciones.

 

Hace algunos meses me encontré con la mamá de un gran amigo mío; excelente músico y virtuoso guitarrista. Una noche antes asistí al concierto de rock que su banda realizó en uno de los pocos bares donde se puede oír buen rock en Xela; el público no los dejaba bajarse del escenario e inclusive muchas chicas, en su mayoría extranjeras, les pidieron tomarse una foto con ellas; pues con sus covers bien afinados de bandas famosas, hicieron que casi todos los concurrentes nos levantáramos de nuestros asientos y sacudiéramos nuestras cabezas al compás de cada rola.

 

En cuánto a la interpretación en guitarra eléctrica, nada que envidiarle a Slash. Y lo dice un súper fan de Guns N´Roses.

 

Regresando al encuentro con la mamá de mi amigo, me preguntó ¿cómo estuvo el concierto anoche? Sólo pude contestarle: Espectacular. Sin lugar a dudas son unos chavos muy talentosos. Me encantaría verlos triunfar y que lleguen muy lejos.

 

Escuché el sollozo en su voz al decirme: “Hay Ale, siempre he pensado que si mi hijo viviera en otro país; no tendríamos qué pasar las penas que pasamos aquí. No sabés lo difícil y frustrante que es para él sentir cómo su vida se desperdicia en un país donde ser músico es una pérdida de tiempo. No a todos les dan las mismas oportunidades y a veces puede más el cuello o la suerte que el talento”.

 

Nos despedimos y al alejarme me quedé pensando un largo rato en todos los jóvenes con sueños de gloria, triunfo y libertad.

 

Y es que al parecer, para muchos guatemaltecos, nuestro pecado más grande fue haber nacido en este bendito país. No digo que sea imposible alcanzar el éxito. Pero creo que quién está en el camino de ver materializados sus sueños y se esfuerza por ello, debe trabajar quizás el triple de lo que alguien con acceso a recursos y oportunidades logra al primer intento.

 

Veo con preocupación cómo todo ese potencial se desperdicia; hablamos de más de tres generaciones que a dónde volteen a ver; no le ven pies ni cabeza a ésta babosada.

 

Veo también cómo la generación de los que nos antecedieron; no fueron capaces de resolver ésta problemática; por distintos factores: El silenciamiento y represión del que fueron víctimas durante el conflicto armado, la corrupción, incapacidad y falta de visión de los políticos buenos para nada, y la misma apatía y conformismo de la población.

 

Hay que salir a buscar las oportunidades porque éstas no caen del cielo; dicen con cinismo los que siempre las han tenido. Con el sólo hecho de terminar la secundaria y universidad, estamos por encima del 95 por ciento de la población cuyo único afán es sobrevivir el día a día; sin esperanza de futuro, con capacidad de soñar pero sin tener la suerte concretar esos sueños como quiénes han nacido en cuna de plata. O cuando menos, nacidos en la comodidad de un hospital.

 

Preocupa, indigna y duele ver cómo en cada pueblo o aldea de nuestro hermoso país, un martes cualquiera por la tarde; sea común que los patojos se reúnan en un parque, un edificio abandonado o una calle poco transitada a hacer coperacha para comprar un gordo de guaro, unos chancuacos o una bolsita de mota; ¿quién sabe si a manera de entretenimiento o como válvula de escape de la cruda realidad que les tocó vivir?

 

Al fin y al cabo, como lo profetizó El Gran Moyas: En éste país solo loco o a verga se puede vivir.

 

Si bien nos va.

 

Y así, otra generación se va desperdiciando, porque aquí no pasa nada. Y si pasa, no te pasa a vos.

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