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Diario de Los Altos

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LA NUEVA NORMALIDAD DE LA PROSTITUCIÓN:

Los puteros exponen a las mujeres al contagio por la covid-19, las obligan a aceptar precios más reducidos y prácticas más violentas

Alternativas reales para que las personas en situación de prostitución puedan salir de esta forma de violencia de género

El temor a contraer el virus, las amenazas de sus explotadores y las deudas que acumulan han provocado que durante esta crisis sanitaria muchas mujeres se hayan visto abocadas a aceptar prácticas más violentas y a precios más reducidos en un clima de inseguridad sanitaria constante. #MédicosDelMundo comprueba de primera mano que cada vez más mujeres quieren poner punto y final a esta violencia de género, pero para ello se necesitan alternativas reales que les permita dar un portazo a la prostitución.

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“Ellos (los puteros) no tienen miedo, nosotras sí. Este miedo ha hecho que muchas mujeres digamos hasta aquí, no queremos seguir en la prostitución”, explica Cristina, una mujer que busca otras salidas a esta explotación sexual.

Desde la declaración del estado de alarma, las personas prostituidas han tenido que hacer frente al pago de los pisos o habitaciones de los clubes donde han estado confinadas, en ocasiones con sus propios explotadores. En el caso de las víctimas de trata, se suma el agravamiento de la deuda contraída con sus tratantes y el riesgo a ser expulsadas a la calle por estos, sin redes familiares o sociales de apoyo. En demasiadas ocasiones a lo ancho y largo del territorio estas mujeres se han visto obligadas a ser prostituidas: por los puteros, por sus tratantes o simplemente para poder comer.

Ahora, en la nueva normalidad y con unas normas menos restrictivas, vuelven a ser prostituidas y a los riesgos que ya sufrían -violencia, riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, abusos, etc- se suma la indefensión ante el contagio.

¿Qué medidas de higiene y distancia de seguridad se pueden guardar en la prostitución?

La única distancia en la prostitución es la que el Gobierno y la sociedad guarda con estas mujeres invisibles que sufren una forma más de violencia de género.

“Yo me ducho, utilizo alcohol, cambio las sábanas, desinfecto todo y cubro el colchón con una funda de plástico, pero luego nos tocamos y vivo en el pánico”, explica una de las mujeres prostituidas a nuestros equipos, quien prefiere guardar el anonimato. Y es que la reducción del aforo, la distancia social y otras medidas de seguridad parecen incompatibles con esta práctica.

En la “nueva normalidad” conviven dos escenarios: el de las mujeres para las que el shock provocado por las condiciones en las que han vivido la pandemia las ha llevado a dejar la prostitución definitivamente y el de quienes ante la pérdida de empleos y absoluta falta de ingresos se han visto abocadas a esta explotación.

“Hay mujeres que ya habían salido de la prostitución y que se plantean volver porque, por ejemplo, tienen a sus familias confinadas en sus lugares de origen sin poder trabajar, y tienen que ayudarles”, explica Maite García, portavoz de nuestra organización en Navarra, que apunta a que son muchas las mujeres que se lo plantean ante situaciones económicas desesperadas.

Oportunidades reales para dejar la prostitución

La organización, que trabaja con estas personas desde hace casi tres décadas, exige alternativas reales en un país que sigue aceptando la prostitución en un área gris.

Reclama un apoyo estructural que las ayude a salir de la explotación: el reconocimiento como población vulnerable, para que puedan acceder a las ayudas públicas, alternativas habitacionales y oportunidades laborales y de formación.

A la espera de que se apruebe el reglamento que fije las condiciones que deberán cumplir las personas beneficiarias, la entidad pide que no se excluya a ninguna mujer que se encuentre en situación de prostitución y que se tenga en cuenta la imposibilidad de que acrediten un empadronamiento o dispongan de una cuenta bancaria.

Además, la oferta de alojamientos y recursos de acogida y protección a víctimas de violencia de género son insuficientes y muy desiguales entre comunidades autónomas, por lo que reclamamos un mayor esfuerzo por parte tanto del Gobierno central como de los autonómicos.

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