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Tacita de Plata

#Reseña | Jacobo Árbenz, la consumación del ideal quetzalteco

En 1944 Guatemala se encontraba gobernada por el General Jorge Ubico, quien renunció a mediados de aquel año, dando paso a los 108 días de gobierno del intento fallido de dictador, Federico Ponce Vaides.

Aquel octubre histórico vería el levantamiento del último gran líder altense que guiaría a la nación. En la historia de Guatemala han existido tres presidentes quetzaltecos, cada uno con sus particularidades, pero Jacobo Arbenz es un caso especial.

Quetzaltenango ha caído en un gran vacío de liderazgo, por eso Árbenz representa para la ciudad altense, la consumación del ideal quetzalteco, aquella lucha que se pelea a muerte y sin embargo se pierde.

Nacido en Quetzaltenango un 14 de septiembre de 1913, hijo de Hans Jakob Árbenz y Octavia Guzmán, la ciudad de Quetzaltenango contempló el nacimiento de su último gran caudillo aquella fecha.

Jacobo estudió en el Colegio Alemán propiedad de María Bennett de Roltz. Desde pequeño era un gran idealista, pensando estudiar economía o ser ingeniero, contempló el primer sueño truncado de su vida, pues su familia no podía apoyarle en aquella empresa.

Sin embargo una beca de estudios para los cadetes militares le abrió la posibilidad de estudiar en la Escuela Politécnica a donde ingreso en 1932, llegando a destacar y ser un estudiante excepcional. Árbenz se graduó en 1935.

En 1938 conoció a María Cristina Vilanova, salvadoreña; ella sería el gran amor de Jacobo Árbenz, después de un año de noviazgo, se casaron en 1939, él tenía 26 años y ella 24. De este matrimonio nacieron tres hijos: Arabella, Leonora y Jacobo. En 1943 fue ascendido al grado de capitán y paso a comandar la Compañía de Caballeros Cadetes.

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Fue así como Árbenz llegaba al año de 1944, participando en la Revolución del 20 de octubre,  convirtiéndose en parte de la junta de gobierno instaurada después de la renuncia de Ponce Vaides.

Para Carlos Sabino (…) la figura del capitán Árbenz quien, con apenas treinta y dos años, resultaba el más joven del equipo. Jacobo Árbenz Guzmán, oriundo de Quetzaltenango, era un oficial más bien taciturno, de pocas palabras pero que había tenido un brillante desempeño en la Escuela Politécnica, idealista aunque con poca formación humanística, que se había casado con una joven más educada e inquieta –la salvadoreña María Vilanova- y que, de algún modo, respondía en aquellos momentos al influjo político del ciudadano Toriello.

El triunvirato revolucionario fue el escalón definitivo que llevó a Árbenz al plano del poder nacional, convirtiéndolo en una figura importante para la historia del país. De los tres miembros de la junta revolucionaria, sería el único en ser presidente.

La Junta de Gobierno instaló una Asamblea Nacional Constituyente, la cual produjo la constitución de 1945. Además convocaron a elecciones, mismas que ganó con amplia mayoría el doctor Juan José Arévalo.

Arbenz fue nombrado Ministro de la Defensa en el nuevo Gobierno, además de ser miembro del Concejo Superior de la Defensa, compartiendo el poder del ejercito con el Coronel Arana.

La situación de Árbenz en el gobierno de Arévalo fue una lucha para poder ser reconocido como heredero de la revolución y por ende, luchar por la presidencia de la nación. Situación que tuvo una batalla política interesante y sangrienta.

(1990). Cofundador de Diario de Los Altos. Reconocido dos veces por la Universidad Rafael Landivar con el premio Juan Fernando Cifuentes en prosa y Poesía. Autor Pesadillas de un Espantapájaros (Poesía, 2011); Canto Nocturno (Poesía y Cuento, 2018); Cuentos Embargados (2020, Cuento). Profesor en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco Marroquín.

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