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La Catorce

«Tiempos recios» de Mario Vargas Llosa, un año después…

Un año después de las expectativas…

Como es mi costumbre, leer y releer a Mario Vargas Llosa resulta un gusto particular y excéntrico. Sus novelas son fácilmente digeribles por el excelente trato gramatical que tienen, pero siempre vuelvo a ellas tiempo después.

A un año y días de la publicación oficial de Tiempos recios (8 de octubre de 2019), he decidido volver a hablar de ella, porque se me hace costumbre releer al peruano cuando llega su cumpleaños. Resulta que le he dado una tercera leía a esta obra desde el 28 de marzo y recién la finalicé el 5 de octubre. Fue una lectura diferente, lenta, acentuada, esclarecedora incluso. Tanto a nivel de edición como por sus fuentes históricas que me tomé el tiempo de verificar con lupa.

Recuerdo que al escuchar al Nobel de Literatura referirse a su obra como un epílogo/extensión de La fiesta del Chivo, durante la presentación del 3 de diciembre pasado en el Teatro Nacional «Miguel Ángel Asturias», me entró una sensación de intranquilidad, porque nuestra historia como país ha sido un entramado de intervenciones internacionales que preferiría no reconocer. Y, en efecto, seguimos siendo el patio trasero no solo de Norteamérica, sino de los caprichos de otras naciones menos reconocibles.

Hoy, aprovechando las vísperas de una conmemoración más de la Revolución del ’44, he retomado el tema, porque he descubierto cosas nuevas dentro de esta ficción historicista. Tampoco está de más dejar la invitación a que se acerquen a los textos elaborados por Eleázar Adolfo Molina y Rómulo Mar, quienes, desde este medio, ya abordaron el tema previamente, en estos enlaces: El Árbenz de Vargas Llosa y La técnica de «Tiempos recios».

Portada de «Tiempos recios» del premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa (Alfaguara, 2019).

«¿Era esa la historia que leíamos y estudiábamos? ¿Los héroes que admirábamos? ¿Un amasijo de mentiras convertidas en verdades por gigantescas conspiraciones de los poderosos contra los pobres diablos como él y como Cara de Hacha? ¿Ese circo de farsantes eran los héroes que los pueblos reverenciaban? Sentía una especie de vértigo y su cabeza parecía a punto de reventar.»

Mario Vargas Llosa, «Tiempos recios» (pág. 129).

¿Una novela histórica o una historia novelada?

La obra es atractiva de entrada porque contiene la figura del Coronel Jacobo Árbenz, «El soldado del pueblo», un personaje con un peso histórico enorme. 76 años han pasado y los movimientos ideológicos de la Revolución del ’44 siguen teniendo repercusión en la actualidad y, eso, es provocar a quienes somos lectores asiduos. Se trata de una premisa de interés para acercarnos al libro más reciente de Vargas Llosa.

Luego, es preciso contar la relación historia-novela que se entremezcla como médula del libro. Tiempos recios es capaz de evocar un juego de temporalidades literarias contrastantes entre sí, desde los últimos días de Ubico en el gobierno, hasta la extraña muerte de Castillo Armas y un poco más. Cronológicamente, se entiende, pero lo lúdico de las voces corales en la narración, hacen del tiempo algo curioso, es un regreso al Vargas Llosa experimental y que adapta (sin exagerar) el uso de cajas chinas con personajes bien desarrollados.

Cabe destacar que no toda la novela ocurre en Guatemala, de hecho, la mejor secuencia de diálogos ocurre en Estados Unidos y República Dominicana, porque el ejercicio atemporal y de intriga sucede en las aristas de la política externa, algo sumamente ameno al momento de la lectura y que despierta sensibilidades, similares a las que Vargas Llosa recrea en obras como La fiesta del ChivoConversación en La Catedral y Travesuras de la niña mala.

Sin embargo, se trata de una ficción recreada a partir de hechos históricos reales, relaciones de poder y conspiración que tienen actantes definidos, no solo por la historia misma, sino con precedentes literarios*, situación que, con seguridad, ha levantado críticas encontradas desde su aparición en librerías. Es aquí donde el uso de nombres como Castillo Armas, los hermanos Dulles, Jacobo Árbenz, Arana, Abbes García, Trujillo, Nixon,  Eisenhower, entre otros, genera susceptibilidades relacionadas a la ideología manifiesta de la diversidad de lectores.

En este punto, no hay mejor forma de justificar la novela que en palabras del mismo peruano: «el uso de las licencias de la literatura». Un ejercicio que define, con conveniencia, las intenciones del autor: colocar la bandera de la democracia moderna y lo liberal a su versión de Jacobo Árbenz, un tanto ingenuo (y mudo), para destacar una «narración con libertades», argumentadas en la investigación que realizó Mario en la biblioteca de la Universidad Francisco Marroquín y demás conocidos que comparten su visión política y social; se trata de relaciones de afinidad que justifican el porqué el Nobel llama «revolucionario» al movimiento cobarde que levanta Castillo Armas y la manera en que se dirige a otras situaciones de contexto.

Mario Vargas Llosa (28/Marzo/1936), Premio Nobel de Literatura en 2010; escritor, ensayista y periodista de origen peruano, nacionalizado español y radicado en Madrid.

Las curiosidades leídas y releídas

Me llamó la atención el matiz que le otorga al personaje de Martita Borrero, Miss Guatemala, amante de Castillo Armas, se trata de una mujer recreada a partir de hechos reales (Gloria Pons), cuyos nexos relacionan la trama principal de la obra con la intensidad histórica de los eventos que van en paralelo. Un trato que Vargas Llosa sabe explotar muy bien. La obra en fin pudo haberse llamado «Miss Guatemala», sin problema alguno.

Otro plano bien desarrollado de la novela reside en su uso del lenguaje, una evocación de jolgorios y lúgubres pasajes que forman una atmósfera real de la Guatemala de los años 50, tanto en lo urbano como en lo rural, un margen que delata bien la intervención de la CIA y que tiene un metalenguaje para con otros actantes, como el caso de la Legión del Caribe. Pero falla mucho en el uso de los guatemaltequismos y destacan algunos casos donde la locución del voseo no se siente natural sino forzada, sobre todo a la par de algunos modismos.

Seré sincero, hay cosas que no han terminado de gustarme, aunque así las haya releído una y otra vez, como es el caso del marcado trópico que generaliza al dibujar mangos en sus descripciones de la Plaza Central (y en otros lugares que refieren al poder adquisitivo) o el hecho de mencionar al Barrio de Gerona, en zona 1, como un epicentro de lo promiscuo. No obstante, es algo que alimenta la ficción, que a lo mejor no termina de ser peyorativo y que está presente en el texto para sugestionar nuestro gusto por el entretenimiento y la lectura, un breve espectáculo de situaciones aleatorias que tienen interés en la medida que nosotros se lo otorguemos.

Otro descarado encanto que tiene Tiempos recios, es la increíble suerte de errores de edición. No parecieran dejados adrede, sino un descuido por la premura con la que se publicara. Creo, como editor, que estas incoherencias de redacción debieron tener un mejor trato.

Claramente, es una novela y el goce estético que encierran sus 352 páginas es algo invaluable, pero es necesario remarcar que es eso, una novela, no un libro de historia. Ustedes como lectores juzgarán la obra por sí mismos (si así desean hacerlo). Y es ineludible, al terminarla que, para un escritor como Vargas Llosa, hablar de un contexto latinoamericano como el de ese tiempo, con precedentes como el Generalísmo Trujillo ya novelado y sus marcadas formas de entender la realidad social que vivimos (visibles en sus columnas periodísticas), esto era inevitable. Con tantas fake news, posverdades de intelectuales orgánicos, la inmediatez mediática y demás placeres instantáneos que el mismo peruano delata en su libro La civilización del espectáculo, este libro lleva la dimensión de lo real al plano de interpretaciones por pretensión.

Debemos estar claros en que no necesitamos a Vargas Llosa para visibilizar a nuestro país y sus descomposiciones sociales o históricas, pues la mierda siempre sale a flote, pero considero que Tiempos recios aporta luces sobre cómo entendernos como sociedad guatemalteca, el porqué estamos como estamos y, principalmente, es una invitación a investigar sobre nuestra historia para dejar de cometer los mismos errores.

El mito de la gloria de nuestros llamados 10 años de primavera democrática (1944-1954) se ha ido perdiendo con los años de guerra civil que arrastraron los militares al poder, hombres y hechos posteriores a los hechos principales de esta novela. De ahí que sepamos donde empezar a realizar autocrítica social y emprendamos un camino más humano, justo y realista, para redefinir palabras como «democracia», «intervención», «patriotismo», «comunismo», «liberacionista», y por qué no «Árbenz».

El periodista Rodrigo Villalobos y Mario Vargas Llosa, durante una conferencia de finales del 2018, en las instalaciones de la Universidad Francisco Marroquín.

*Lecturas sugeridas y empleadas para este artículo:

  • Arce, Manuel José. (2013). Árbenz, el coronel de la primavera. Guatemala: Editorial Cultura, 2013. 66 p.
  • Cruz Muñoz, Romeo. (2005). Guatemaya: su revolución y primavera. Guatemala: Editorial Piedra Santa, 2005. 831 p.
  • Galich, Manuel. (1994). Por qué lucha Guatemala : Arévalo y Arbenz dos hombres contra un imperio. Guatemala: Editorial Cultura, 1994. 381 p.
  • Gleijeses, Piero. (2008). La esperanza rota, La revolución guatemalteca y los Estados Unidos 1944-1954. Guatemala: Editorial Universitaria, 2005. 619 p.
  • Raful Tejada, Tony (2018). La rapsodia del crimen: Trujillo vs. Castillo Armas. México:  Penguin Random House, 2018. 223 p.

**La imagen de portada de este artículo corresponde al mural «Dualidad» del artista Rufino Tamayo, obra que fuera adaptada para la portada del libro «Tiempos recios» de Mario Vargas Llosa.

***Este artículo contiene fragmentos de una nota publicada anteriormente en Revista La Fábri/k/ el 3 de diciembre de 2019, cuya redacción es autoría del periodista Rodrigo Villalobos Fajardo.

Escritor, editor, periodista, gestor cultural, investigador archivista, profesor de lenguaje, comunicador y tallerista. Nació en Ciudad de Guatemala en 1992. En 2011 creó su blog "Tulipanes de plástico", donde expone poemas, ensayos y cuentos de su autoría. Formó parte de las antologías «Frente al silencio -Poesía-», «Antología poética 20-30» y «Antología del Bicentenario de Centroamérica». Ha publicado los libros «Poemas de un disquete» (2017) y «Tulipanes de plástico» (2018). En la actualidad, finaliza sus estudios de la Licenciatura en Letras en la USAC; está a cargo de la editorial "Testigo Ediciones"; colabora como columnista y redactor para varios medios digitales; es profesor de enseñanza media de comunicación y lenguaje; además, dirige y trabaja en proyectos de artivismo y memoria histórica.

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